El cuaderno del piano

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Sofía entró en el viejo salón de música porque la lluvia no le dejó otro refugio.

El edificio llevaba años cerrado. Las cortinas pesadas olían a polvo, las paredes estaban agrietadas y, en el centro de la sala, un piano antiguo brillaba bajo una franja de luz. Frente a él estaba sentado un anciano, con las manos inmóviles sobre las teclas.

—Perdón… no sabía que había alguien —dijo Sofía.

El hombre no se giró enseguida.

—Este lugar está lleno de fantasmas —respondió—. Uno más no molesta.

Sofía quiso marcharse, pero entonces vio un cuaderno de cuero sobre el piano. En la primera página había una melodía escrita a mano. Era la misma canción que su madre le cantaba cuando era pequeña.

Sin pensarlo, se sentó y tocó las primeras notas.

El anciano levantó la cabeza de golpe. Sus ojos, cansados y grises, se llenaron de lágrimas.

—¿Quién te enseñó eso?

—Mi madre —susurró Sofía—. Murió hace tres meses. Antes de irse, me dijo que viniera aquí y buscara un piano con una placa dorada.

El hombre tembló. Abrió el cuaderno hasta la última página. Allí estaba escrito un nombre: Elena Rivas.

Sofía sintió que el aire desaparecía.

—Así se llamaba mi madre.

El anciano cerró los ojos.

—Elena era mi hija.

Durante años, él había creído que la había perdido para siempre después de una discusión cruel. Ella se marchó, él nunca la buscó por orgullo, y cuando quiso hacerlo, ya no sabía dónde encontrarla.

Sofía sacó una carta doblada de su bolso. Era de su madre.

“Papá, si no tengo tiempo de volver, deja que mi hija toque por mí. Ella es la parte de mí que aún puede encontrarte.”

El anciano leyó la carta con las manos temblorosas. Luego se levantó despacio y abrazó a Sofía como si abrazara todos los años perdidos.

Aquella tarde, no tocaron para el público. Tocaron para Elena.

Meses después, el salón volvió a abrir. Sobre la puerta pusieron una pequeña placa:

“Escuela Elena Rivas — para niños que necesitan una segunda oportunidad.”

Y cada tarde, Sofía enseñaba piano mientras su abuelo la acompañaba en silencio, feliz de haber encontrado a su familia antes de que la última nota se apagara.

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